Nada Me Gusta

Disparates III

Hoy os voy a dar un arma, la pondré en vuestras manos a sabiendas que la usaréis, y que provocaréis sufrimiento con ella, pero también diversión, que es lo que pretendo.

Seguro que os habéis enfrentado alguna vez en vuestras mesas con un espécimen de jugador que SIEMPRE se queja, no importa a que juegue o como lo haga. A veces será por el sistema, por los dados, por la ambientación, otras será por el desequilibrio de los personajes, o porque son todos iguales, porque no le gustan las patatas, porque hace frío, porque es domingo. Para combatir esto os propongo el enfrentamiento directo, entregadle a ese jugador y su personaje el poder absoluto, el control sobre la partida, el mundo en sus manos, el sistema de juego, el avituallamiento, el mando del aire acondicionado, todo.

Hay varias formas de hacer esto, objetos mágicos que convierten al personaje en un Dios, la herencia de un reino, un montón de pasta en un maletín abandonado, dadle poder a ese jugador, y ya verás como la responsabilidad puede con él, como cuando sus quejas son atendidas, pierde argumentos y rinde la plaza.

Antes de empezar, asegúrate de que el susodicho está en este perfil de jugador y no corresponde a un tipo Iznogud que quiere “ser Master en lugar del Master”, que también es peligroso, pero merece otros tipos de atención.

Seguramente al principio el sujeto parezca disfrutar, déjalo que disfrute y se relaje, acomódate esperando el desastre,  en seguida descubrirá que no está hecho para el poder, el no tener nada ni nadie a lo que echarle la culpa, ni a quien quejarse podrá con él, la propia responsabilidad lo abrumará.

Que no te importe que en el conflicto haya bajas, terribles heridas en el mundo, la ambientación, incluso en la partida, son bajas razonables si quieres darle una lección a ese quejica intratable.

Cuando devuelva el poder sollozando, será un gatito en tus manos, tardará un tiempo en volver a quejarse, y sus quejas serán bastante menos ruidosas e insistentes, quizás de vez en cuando recuerde los “ buenos tiempos”, pero seguro que no los echa de menos, y tú habrás disfrutado de una victoria deliciosa.

Seguiremos muy pronto con más disparates que suceden en nuestras  mesas de juego y la mejor forma de tratar con ellos, querido desconocido.

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