El Señor de las Mogars II

El Sargento Instructor Aubrey daba cabezadas, el viaje era tranquilo. La ayudante Maturin supervisaba las mochilas y el equipo en la parte de atrás. Mientras pulsaba las runas en su placa de datos se permitió dar un vistazo a los futuros cadetes, algunos apenas niños, pero en alguno de aquellos chavales de pelo claro y ojos profundos ya se distinguía un soldado y no uno cualquiera, un cadiano.

El piloto Pullings dio unos golpecitos al panel del cogitador cuando se activo la runa de proximidad, era imposible, viajaba a la altitud indicada y por una ruta alejada de las comerciales. Era imposible que algo se aproximará al Brunhilda 30, o el transporte a algo. Cuando volvieran lo haría revisar, el espíritu maquina de Bru tenía unos años y algún que otro achaque.

El Sargento decidió incorporarse, estirar las piernas para ahuyentar el sueño y la modorra. Vio como dos chavales se sonrieron, debían haberlo visto dar cabezadas, pero la marcialidad les impedía reírse del instructor. A pesar de eso, eran unos muchachos y sus sonrisas y cuchicheos los delataron. Aubrey se recordó a si mismo que ya no era tan joven, y que las noches de preparación empezaban a dejarle marca, se permitió un momento de nostalgia antes de revisar los correajes de sus pupilos.  Mientras los animaba fue revisando los anclajes uno a uno. Le molestó algún bandazo que daba el transporte, maldijo en silencio al piloto, debía de ser un viaje tranquilo.

La caja estaba atascada, definitivamente, algún idiota había colocado un contenedor del 12 en un hueco de 11, y lo había empujado hasta cruzarlo. En cuanto tomaran tierra, Maturin avisaría al control para que revisaran la placa de embarque y encontraran al causante de aquello. Respiró con fuerza  para concentrarse y volver a intentar mover aquella maldita caja, y organizarlo como el Emperador manda.

Pullings vio parpadear la luz de aproximación cada vez más cerca, su concentración se dividió y la nave dio un bandazo en respuesta, como un mohín de una amante celosa. Ya vuelvo contigo, preciosa, pensó de inmediato el piloto.

Y de repente una explosión, un impacto terrible, que sobresaltó a todos. La nave se ladeó hacia la izquierda, mientras el piloto trataba de enderezarla. La ayudante Maturin perdió el equilibrio y se golpeó en la cabeza, el Sargento Aubrey se agarró de un correaje para no caer. Otra explosión en la parte trasera, el impulso hizo bajar el morro de Brunhilda, como si se concentrara, acercándola peligrosamente al perfil de una isla cercana. La ayudante, inconsciente, daba bandazos como un muñeco. Aubrey se golpeó con un asiento en las costillas, y descubrió que le faltaba el aire mucho antes del sabor metálico de la sangre en la boca. El contenedor de 12 alojado erróneamente en el hueco de 11 salió disparado hacia la zona de pasajeros. Los niños perdieron la marcialidad, volvieron a ser niños y gritaron casi al unísono. Pullings trató de maniobrar, bonita, no me falles ahora, susurraba mentalmente a través de sus inserciones neurales. Su mente quedó repentinamente en blanco cuando el retorno neural de Brunilda 30 le llenó el cerebro de ruido blanco. Todos los sensores, localizadores y sistemas automáticos de la nave se apagaron. El pasaje sólo se veía iluminado por la fantasmal luz verde de fosfito  de emergencia. Entre los parpadeos del fosfito, algunos alumnos intentaron soltar sus correajes, pero el automatismo que los regia estaba apagado. Alguno echó mano de su cuchillo de campaña, el entrenamiento y los genes cadianos les impidió entrar en pánico. Pero un nuevo peligro los puso a prueba, la caja suelta del equipo, ante las maniobras, giros y contragiros del piloto parecía moverse con vida propia, dando golpes contra los asientos hasta que, en un picado repentino de la nave, se elevó y aplastó a uno de los chicos, que no pudo evadir el ataque debido a las correas. El sargento Aubrey trató de calmar a los muchachos, pero el agudo dolor de su espalda y la inseguridad por la falta de luz restó autoridad a sus palabras. Mientras se acercaba al lugar donde había oído gritos, tropezó, no pudo sujetarse y se vio arrojado hacia adelante sin control. Tras golpearse en el hombro y maldecir en voz baja, aterrizó frente a la cabina de mando, respirando trabajosamente. En cuanto se levantara, le iba a oír ese borracho de Pullings. Cuando estaba de rodillas, oyó un silbido, miró hacia él y vio como se activaba una mampara anti fragmentación que aísla al piloto en caso de emergencia y que prácticamente le seccionó por la mitad.

La nave empezó una espiral alocada debida a la inercia. La caja rebotaba por el compartimento como una bola en una máquina del millón mortal, provocando los gritos de terror de los reclutas, que sollozaban como los niños que realmente eran. Algunos de los chicos que se habían soltado gracias a los cuchillos, trataban de ayudar a sus compañeros, mientras trataban de mantenerse firmes mientras la letal barrena les conducía a una muerte segura.

El tan anunciado impacto llegó como una liberación. Un tableteo de arrastre seguido de un golpe seco que detuvo el mundo durante unos segundos interminables. Después de los gritos, sollozos , golpes y bocinas de emergencia, la detención pareció llenar todo de un silencio balsámico. Tras el silencio, los llantos de los más jóvenes, mientras los valerosos muchachos armados de cuchillos liberaban a sus compañeros para abandonar la nave ante el peligro de explosión, según practicaron en el simulacro que parecía un juego más. Los heridos y los más jóvenes en primer lugar, dejando a los muertos y las lágrimas para el final, como ordenaba el protocolo del libro del Probitor.

Mientras los últimos abandonaban la nave, pudieron ver la caja 4815, cubierta de sangre y abierta por los golpes. Nuestros jóvenes héroes se aventuraron para ver su interior y …

Hasta aquí la introducción, podéis leerla en voz alta, adaptarla a vuestra idea o saltárosla y ponerlos en faena para leer la introducción más adelante. En contenido de la caja 4815, las causas de las explosiones y el destino de los jóvenes cadetes cadianos en las próximas entregas de El Señor de las Mogars.

Os dejo dos videos para la ambientación.

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3 comentarios to “El Señor de las Mogars II”

  1. Salteador Memo Says:

    Pero como se puede poner un video como el de la Torrini!!! Lo vi hace un par de dias y me parecia que era de los 80!!! (aparte de muy malo).

  2. dacostilla Says:

    Para demostrar lo peligrosa que es la jungla… Je,je.

  3. bru Says:

    Bah.

    Lo más peligroso en la selva son los propios jugadores si les das una cerilla o un arma. No importa que sean niños. Fiate de ellos y tendrás un cambio climático condensado en segundos.

    Escena mítica en la historia del cime con algún pato de relleno.

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